Muchos sistemas que sostienen operaciones críticas no pueden modificarse. Aun así, pueden integrarse. Estas son las estrategias, ordenadas por preferencia.
Cuatro estrategias, de mejor a peor
El patrón de sustitución progresiva
Consiste en interponer una capa de enrutamiento delante del sistema heredado. Al principio todo pasa de largo hacia el sistema antiguo. Progresivamente, funcionalidades concretas se desvían hacia servicios nuevos.
La ventaja es que cada paso es reversible y el sistema sigue operando durante toda la transición. La desventaja es la complejidad adicional de mantener el enrutamiento, que debe retirarse cuando la sustitución concluye.
Escribir en un sistema heredado: la precaución principal
Leer de una base de datos ajena es relativamente seguro. Escribir es donde aparecen los daños: el sistema original suele aplicar validaciones, disparadores y cálculos derivados que no son evidentes desde el esquema.
Una escritura directa que omite esa lógica produce datos que el sistema propietario considera inconsistentes, con efectos que aparecen semanas después.
Documentar lo que se descubre
Integrar un sistema sin documentación implica reconstruir su comportamiento por observación. Ese conocimiento es caro de obtener y se pierde si no se registra.
Cada regla deducida, cada campo con significado no obvio y cada comportamiento inesperado debería quedar escrito. Es el activo más valioso que deja el proyecto.
